Una enorme tristeza me embarga desde hace ya casi una semana. Todo está ya perdido, todo se ha acabado y ya ni este pequeño rincón me sirve de consuelo. Sé muy bien que es un proceso, que debo aprender a convivir con esta tristeza y con los mil y un recuerdos que me asaltan a cada instante. También deberé aprender a canalizar la enorme decepción que acompaña al recuerdo cuando me planteo que ninguno de ellos es auténtico.

No puedo aferrarme a nada, no puedo hacer limpieza y borrar los malos recuerdos y quedarme con los buenos momentos. Ya no tengo buenos momentos…ya dudo de todos.

Dicen que nunca estuve enamorada de él...yo creo que sí, sé muy bien la ilusión que he sentido tan solo oír de lejos su tono de voz, sé muy bien las mil y una mariposas que se han desatado dentro de mi estómago cuando me miraba con admiración, sé muy bien lo que he llegado a sentir entre sus brazos. Pero lo que sí sé muy bien es el dolor que desde el pasado 22 se ha convertido en mi compañero de viaje. Y es tan auténtico como lo fue mi amor hacía él….como es mi amor, porque todavía no he conseguido pensar en él en tiempo pasado.

Busco la compañía de la gente que me aprecia y quiere…e incluso he buscado la compañía de gente que pueda llegar a apreciarme…pero nada de ello me conforta, no puedo evitar que mi pensamiento lo recuerde y lo evoque a él…que todavía deseo despertarme y comprobar ilusionada que esto no ha sido más que un mal sueño.

La lástima es que sea real